Comiendo sonrisas a solas de un bocado

Recuerdo que hace más de un cuarto de siglo anduve con fiebre tras un empacho de pan con mortadela. Ayer no hubo pan ni embutido, pero sí empacho, aunque de lo más digestivo: me zampé de una sentada ‘Comiendo sonrisas a solas’ (ediciones B). Aún no había amanecido cuando abrí el libro y las expectativas de este texto escrito por la joven navarra Tadea Lizarbe, que desprende inteligencia y una cabeza amueblada párrafo a párrafo. He de decir que me había despertado la curiosidad, y mucho, saber que había quedado entre las diez finalistas del Premio Planeta una chica tan joven. ¿De qué tratará esta publicación? ¿Cómo escribirá? ¿De dónde sale tal chorro de imaginación? ¿Es posible amueblar una historia de esa manera? La sensibilidad ni se compra ni se vende: se tiene, y se cultiva como un bonsái. El tocho se me hizo breve y un abrir y cerrar de ojos llegué al punto final y me despedí de Eloísa y Alona, además de darme la impresión de que Tadea y su fresca escritura forma parte de mi entorno.

Me consta que esta pamplonesa se encuentra inmersa en su segunda novela, así que solo queda esperar…, y devolver ‘Comiendo sonrisas a solas’en la biblioteca pública de Tafalla para que alguien más la devore como si fuera pan con mortadela.

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