Lobo

Hay un bebé gateando sobre la faz de la Tierra al que sus padres han querido llamar Lobo. El poco más que recién nacido, sin piel de cordero (sino humana) ni rango de lobezno pese a su edad, vino al mundo ajeno al torrente de tinta que ha provocado su nombre, no sé si de pila, pero seguro que ya de registro civil.

Y digo yo: ¿podré registrar a mi hijo como Rinoceronte? ¿O Cacatúa? Quién sabe, pues visto lo visto, la voluntad de los progenitores ha inclinado la balanza de la justicia a su favor.

Si tengo una hija, pienso llamarla Caperucita. Eso sí, por si acaso, espero que nunca coincida con el tal Lobo.Déjate de cuentos…

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