The end

La noticia pedía a gritos un titular a cinco columnas, pero hasta el periódico le dio la espalda con un triste breve: se cerraba el último cine de la ciudad. Atrás quedaron los estrenos, las versiones originales, los ciclos y las palomitas de maíz.

La taquillera, el acomodador y el proyectista salieron por la puerta que habían entrado hace cuarenta galas de los Oscar. ¿Y qué sería del Capitán Sparrow, Forrest Gump, don Vito Corleone, ET y Malamadre? Nadie volvió a saber de ellos.

El cierre coincidía con un lamento generalizado en las redes sociales, rebosante de interjecciones, pañuelos de papel húmedos y frases estériles. Pero no solo Internet albergaba decenas de conversaciones; también daban de sí los diálogos en los bares, que es donde se arregla el mundo.

-Así que cierra el último cine, pues vaya…

-Cines, videoclubes, sí, una pena.

-Y ahora, ¿qué vamos a hacer?

-Podemos ver una peli en mi casa. Me bajé ayer la última de Tarantino.

Pues eso…

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