Carlos Bassas, autor de ‘Mal trago’ (Alrevés): “Escribo sobre el mundo que me rodea”

Carlos Bassas, maestro de ceremonias de un servidor hace ya un tiempo con El destino de Sofía (sahats servicios editoriales), nos ha dejado, a pesar del oxímoron, un buen sabor de boca con su Mal trago (Alrevés). Novela negra en estado puro escrita con minuciosidad de la mano de un escritor inquieto capaz de dirigir festivales originales y de éxito como el reciente Pamplona Negra.

¿Podría radiografiar Mal trago?

Pues en la radiografía saldría mi esqueleto y mis vísceras. Es un libro duro, desesperanzado. Una novela negra en la que asistimos al descenso a los infiernos del personaje.

¿Comparte la idea de que la aparición del cadáver de un niño supone un excelente gancho para atrapar al lector?

El arranque de una novela es fundamental, tanto su prosa como la imagen, el detonante que pone en marcha la trama. Después uno ya se dedica solo a avanzar hacia un final que, de algún modo, ya está contenido en ese arranque.

La denuncia social no es el hilo conductor de la novela, aunque no deja de tener su importancia en este texto.

Escribo sobre el mundo que me rodea. Es una elección personal. Algunos señalan que la buena novela negra debe ser social. No es cierto. No es necesario. Tampoco la presencia de un cadáver. Yo escribo dos sagas con dos personajes muy diferentes, una protagonizada por un samurái en el Japón de principios del s. XVII y la noir, de modo que una de ellas ya me permite evadirme de la realidad. La otra, en cambio, está muy pegada a todo lo que me rodea.

¿Qué paralelismos encuentra entre el inspector Corominas sobre el que vertebra el texto y usted?

Pues pocas. Quizás su pesimismo en esta última. Herodoto Corominas es un inspector de la Policía Nacional, un tipo en la cincuentena, con su forma de ver y entender el mundo. Coincidimos en algunas cosas, por supuesto, pero nada en otras. Lo que sí procuro hacer es usar al elenco de personajes para soltar algunas perlas, algunas de mis ideas y mi forma de pensar. Todos tienen algo de mí, pero ninguno es yo.

La trama se desarrolla en una ciudad ficticia, Ofidia, con aroma a Pamplona. Como han señalado otros autores que han utilizado este recurso, ¿eso le permite a uno alejarse del rigor del callejero?

Ofidia pretende ser una ciudad de provincias cualquiera; todas se parecen, y cada una tiene sus cosas a la vez. Su propia idiosincrasia. Su propia mierda. El hecho de atarte a una ciudad real tiene sus ventajas y sus desventajas. Yo pensé que las desventajas eran mayores. Y así me protejo también de posibles demandas judiciales, claro.

Un festival como Pamplona Negra, donde todo cabe, como un interrogatorio judicial o que la policía procese, como si fuera real, una escena criminal de la ficción, ¿qué más vueltas de tuerca puede ofrecer al espectador?

Pues espero que alguna más, pero vamos agotando los conejos y las palomas mágicas ya. La chistera se va quedando vacía. Cuando vea que no puedo ofrecer nada nuevo, nada diferente, daré un paso al lado y dejaré que otro tome las riendas. No soy nada partidario de apegarme a ciertas cosas. Pamplona Negra no es mi festival, es un festival de novela negra para la gente de Pamplona. Ellos son los verdaderos protagonistas junto a los autores.

Después de este Mal trago, ¿qué está tramando?

Pues estoy ultimando las correcciones de una nueva novela negra que no tiene nada que ver con la saga de Corominas, ambientada en Barcelona esta vez. Y terminando de escribir la tercera parte de la saga de Aki. Cuando las termine ambas, me pararé y pensaré qué hago.

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