Ander Izagirre, autor de ‘Potosí’ (Libros del KO): “Vale un potosí el coraje y la clarividencia de una adolescente minera”

Ander Izagirre llega lejos. Sí, llega; no llegará. Lo hace con su vespa, su bici, su inquietud por conocer historias y compartirlas. Ha habido una que le mereció la pena: viajó hasta el Cerro Rico de Potosí. Pero como se quedó con ‘hambre’, regresó tras haber elaborado un reportaje. Y segundas partes han sido buenas. Sin duda. La muestra, 200 páginas donde uno siente que se encuentra en una de las minas más peligrosas del mundo. Es lo que tiene escribir como los ángeles.

¿Potosí (Libros del KO) nace porque el reportaje que preparó en 2009 se le quedó pequeño?

Sí: en el reportaje conté la historia de una niña de 14 años que pasaba las noches empujando carros en las minas del Cerro Rico de Potosí, pero me pareció que había que explicar mucho más a fondo por qué estaba obligado a hacerlo. Quise ampliar la mirada: a su entorno familiar, a la sociedad en la que vive, a la historia y a las decisiones políticas de las que viene…

Alicia Quispe cuenta con un peso importante en este libro. ¿Quién es esta niña de 12 años?

(NOTA: empezó a trabajar con 12, cuando la conocí tenía 14, estuve de nuevo con ella a los 16…)

Una niña que trabaja en una de las minas más peligrosas del mundo, y que lo hace de noche porque por las mañanas quiere seguir yendo al colegio: quiere estudiar, para tener otro oficio y salir de la mina. También participa en las asambleas de menores trabajadores, reclama por sus derechos, forma parte del movimiento de adolescentes que consiguió cambiar la ley en Bolivia para que se permitiera trabajar a partir de los 10 años de manera regulada. Es una chica peleona, estudiosa, con conciencia política, una de las pocas personas del Cerro Rico que podía imaginarse una vida distinta.

Una curiosidad: ¿ha llegado a las manos de Alicia un ejemplar? En caso afirmativo, ¿sabe cómo se ha visto reflejada?

Todavía no. El libro se publicará pronto en Bolivia, será más fácil que se lo hagan llegar entonces.

A su libro a veces le falta el aire por culpa del sufrimiento en la mina, de la desigualdad, pero tiene una cara b (que quizá sea la cara a). ¿Por qué decidió incluir dosis de normalidad en un estilo de vida anormal? ¿Para dar un respiro al lector, a usted mismo como autor?

Hay escenas de la vida cotidiana con Alicia y su familia, con otras personas de Potosí, de más relajación, incluso de humor. Le viene bien al libro, para aligerar tanta tensión dramática, y también porque esa dimensión ofrece un retrato más completo de las personas: no son puras víctimas dolientes, es gente que pelea, que tiene ratos de ocio, que proyecta sus sueños cuando va al cine, que se divierte, que cuenta chistes.

“Cuando no lloramos por la tristeza, lloramos por el polvo”, señala doña Rosa en la página 114. ¿Se radiografía en esta breve declaración la vida que padecen estos bolivianos?

Es solo una frase, pero pronunciada por una de esas personas que vive una vida muy dura en las minas y que no ve salida. Ya no ve esperanza para sí misma, sí tiene esperanza en que sus hijos puedan salir adelante.

En la presentación de Potosí en Pamplona intervino una persona del público. Se trataba de la hija de un minero de Potosí, que reside en la capital navarra como cuidadora. La sala enmudeció y atendió con sumo interés el testimonio de una vida conocida y reconocida para ella.

Le estoy muy agradecido, porque ella sumó su experiencia a las historias que yo conté y fue muy interesante escuchar una voz potosina en Pamplona.

El escritor suele tener una actitud egoísta, una vez que acaba su libro da carpetazo a todo lo que lleva detrás. Una situación de miseria, dolor, injusticia y pobreza, ¿permite no girar la cabeza?

A la hora de escribir hay que ser frío, estás trabajando con una materia: el texto. Y tienes que centrarte para que salga lo mejor posible. Pero en este caso los personajes no son solo personajes, son personas, conoces un tramo de su vida y sigues pendiente de ellas. Hemos mantenido el contacto en estos años, a veces de manera más fácil, otras menos.

Luis Landero afirmaba en una entrevista reciente que un escritor, si abre bien los ojos a su alrededor, tiene material de sobra para escribir. ¿Le ocurre lo mismo que al autor de La vida negociable?

Sí. Siempre me ha asombrado la diversidad de los modos de vida de los humanos, he sentido curiosidad por ir a conocerlos y por contarlo. Ese es el origen de muchas de mis historias.

¿Qué vale un potosí para Ander Izagirre?

El coraje y la clarividencia de una adolescente minera.

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