el cuaderno de piel vuelta.jpgGonzalo Segura ha heredado el taxi de su padre, pero no la vocación. El sueña con dedicarse a la literatura, aunque su entorno le pone los pies en el suelo: las carreras dan de comer, cosa que las letras, no.
Aun así alimenta esta ilusión gracias a las sesiones en el club de lectura Miguel Delibes, a la bibliografía del autor vallisoletano, sobre todo la edición facsímil de El Camino, y a un regalo muy especial: un cuaderno de piel vuelta que deja en el asiento trasero de su vehículo para que la clientela escriba lo que le venga en gana.
Algunos protagonistas de esos testimonios van a provocar que su vida de un giro.

 
Ficha Técnica

ISBN: 978-84-92515-53-0
PVP: 10€
Nº de páginas: 110
Editorial: sahats
Distribuidora: Bitarte
Fecha de edición: febrero 2012

Primer capítulo

Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así.

Sustituir el tacto de mi artesanal pluma estilográfica de plata de ley, hecha a mano en más de trescientos pasos, y que me la regaló una de las familias a las que más quiero de este mundo por el roce con la caja de cambios de un taxi de segunda mano me dolió; me dolió en el alma, pero como la vida no es una ciencia exacta tuve que poner cabeza donde sólo había corazón, así que guardé mi estilográfica en su estuche de cartoné negro con un filete plateado y oí un ruido sordo, como si hubiese dado un portazo a una etapa de mi vida.

Apenas me sirvió haber leído la bibliografía de Miguel Delibes; ni haberme inscrito al club de lectura que lleva su nombre; ni siquiera repasar los libros de literatura del bachillerato. Qué poco cuesta terminar una página, un capítulo o incluso un libro y cuánto trabajo lleva detrás su escritura. Y, probablemente, cuanto más sencillo sea el lenguaje, más compleja ha resultado su composición. Así que yo, aburrido de arrugar folios desperdiciados y de tirar documentos a la Papelera de reciclaje, procuré abandonar mi vocación adolescente.

Mi madre lo tenía bastante más claro que yo; recuerdo que no se anduvo con rodeos aquella noche de domingo mientras mi padre se llenaba el buche de cervezas y los tímpanos de goles radiofónicos, y yo hice aquella declaración de intenciones:

-Mamá: quiero ser escritor, como Miguel Delibes.

-Acábate la sopa y te lavas los dientes antes de marcharte a la cama, contestó.

Las madres son madres, mujeres y portadoras de un sexto sentido, así que con semejante grado de superioridad, dejé aquel plato hondo de loza en el fregadero y me cepillé la dentadura en una noche amarga, porque no hay algo que más duela que el silencio, que a uno no le sigan la corriente o tener que mirar a la cara a las verdades.

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