el destino de sofía-200.jpgEl destino de Sofía comienza con la carta que dejó escrita Sofía Núñez, quien deseaba que sus cenizas se esparcieran por veinticinco ciudades a las que no pudo viajar debido a sus achaques. Para lograrlo, su cuidadora, Helena Benavides, contacta con los responsables de las oficinas de Correos de esos lugares y les encomienda que se cumpla la voluntad de la fallecida. A partir de ese momento se van desvelando las reacciones de quienes tienen en su mano este múltiple último adiós, unas despedidas que conoce Helena vía postal y que se encarga de leerlas ante el panteón de la familia Núñez Abascal, donde charla con una Sofía que le descubre los secretos y las intimidades de su vida.

Ficha técnica

ISBN: 978-84-92515-69-1
PVP: 12€
Nº de páginas: 195
Editorial: sahats
Distribuidora: Bitarte
Fecha de edición: noviembre 2013

Primer capítulo

Querida Helena:

Ante todo, gracias. Gracias por atenderme; sé que lo has hecho a cambio de un sueldo, pero de bien nacidos es ser agradecidos y, en mi caso, de recién fallecida. Has sido una buena cuidadora; te lo dice una experta, pues he tenido catorce personas a los pies de mi cama pendientes de un enfisema, severos problemas de corazón y demasiado tiempo pegada a un tubo de oxígeno.
Bendita la suerte que tuve la mañana que coincidimos en la sala de espera del dentista. Tú, como acompañante de una tal Josefa, y yo, esperando a que resolvieran mi piorrea. Fue un flechazo. Flechazo profesional, pero flechazo. Y dejaste a la otra señora para convertirte en mi sombra hasta el final. Te estaré eternamente agradecida. ¿Por qué no nos conocimos antes? Quién sabe… Me hubiera encantado conectar con otra gente como lo he hecho contigo, pero no pudo ser…
Me resulta ridículo comentarte que el piso es tuyo, como verás cuando acudas a la notaría y se lleven una sorpresa más de cuatro… No es que te dé mis doscientos metros cuadrados en lo mejor de Madrid a cambio de lo que te voy a pedir, pero quiero que hagas algo para que pueda descansar en paz. Cuando me incineren, deseo que mis cenizas permanezcan en el panteón familiar, aunque no todas; prepara veinticinco paquetitos en los que metas parte de mis restos en unas pequeñas bolsas de plástico.
Mi deseo, que no se cumplió en vida, aspiro y espero que se logre tras ella: envía todas esas “Sofías” a las oficinas de Correos de los lugares de los que tanto te hablaba para que así realice mi último viaje y mi deseo de visitar esos rincones del mapamundi. Me veo en el lago Titicaca, cerca del Palacio Real de Estocolmo, por Moscú o en el convento de las monjas de un orfanato en América del Sur.
Explícales mi voluntad a quienes vayan a recibir mis cenizas, diles que, si quieren, te escriban y te cuenten cómo me han homenajeado en ese múltiple último adiós. Y conforme vayas teniendo noticias de estas despedidas, tenme al corriente; sabes dónde está el panteón.

Un abrazo, Sofía

P.D.: gracias por tanto regalo emocional

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